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Multiplicidad de forasteros



MULTIPLICIDAD DE FORASTEROS
Sobre El extraño caso del Dr. Jeykll y Mr. Hyde

Por: Nicolás Ibáñez



El propio hijo de Robert Louis Stevenson confesaba que su padre había escrito el primer manuscrito de El extraño caso del Dr. Jeykll y Mr. Hyde en sólamente tres días después de un extraño sueño-revelación que tuviera una madrugada. Ese primer texto, hasta donde hemos podido saber, era de corte más explícito, más incisivo en la acción, más descarnado en la descripción; sin embargo, el tema fundamental ya reposaba latente bajo su trama: el conflicto interior humano entre el bien y el mal. El tema no es en sí novedoso, ni particular del siglo XIX. La filosofía griega lo trata en numerosas ocasiones, los libros sagrados del monoteísmo también se basan en él para la mayoría de sus fábulas, Roma lo retoma y lo hace un asunto público de interés común, los románticos alemanes e ingleses también lo ahondan. ¿Qué es entonces lo novedoso en la novela de Stevenson que hace indispensable su lectura pasados casi dos siglos?

Aquí viene lo interesante. Recordemos la anécdota del relato. Un hombre, el Dr. Jeykll, en todo representante de los más altos valores morales de la sociedad inglesa victoriana, es perseguido por una parte de sí mismo que, en cambio, rompe con toda ética y se sumerge en las oscuridades del alma. La pulsión es tan fuerte que la segunda naturaleza, la maligna, logra dotarse de una personalidad propia, Mr. Hyde. En un mismo individuo estas dos personalidades se disputan por salir, por ser, por ganar la prevalencia sobre el sujeto. En un intento por reconciliarse con esta dualidad, el Dr. Jeykll, científico de profesión, inventa una fórmula que le (les) permite transformarse a voluntad en uno y en otro hasta que dicha separación se vuelve insoportable y Mr. Hyde acaba por gobernar el cuerpo del Dr. Jeykll, que termina desapareciendo. 

El tratamiento de la cuestión es novedosa en tanto que ahonda en la exploración de la psicología del ser humano. No por nada la novela ha sido sumamente estudiada por todas las ramas del humanismo y antecede todos los estudios del psicoanálisis. No nos corresponde un estudio minucioso de dichos análisis, pero intentaremos aproximarnos con algunas referencias. En Alemán, acuñado por un un novelista de finales del siglo XVIII, hay un vocablo para designar esta dualidad, se denomina Doppelgänger y hace referencia al doble, al “gemelo malvado”. La mitología nórdica y la literatura fantástica acuden permanentemente a este vocablo. Recordemos, por poner un ejemplo, el cuento de Edgar Allan Poe, William Wilson, que lo trata magistralmente. Por otro lado tenemos el arquetipo de la sombra del que hablaba C.G. Jung, que tiene que ver con el aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el yo consciente no reconoce como propios, es decir, con una sombra, un lado oscuro que reposa en las profundidades de cada uno. La psicología moderna ha venido a llamarlo Trastorno disociativo de la identidad en la que, como Stevenson deja entrever en su excelente último capítulo, una persona puede presentar dos o incluso más personalidades.

“Cada día que pasaba, y en ambos lados de mi mente, el moral y el intelectual, me fui acercando más a aquella verdad por cuyo conocimiento parcial fui condenado a tan aterrador naufragio: que el hombre no es uno realmente, sino dos. [...] y me atrevo a adivinar que algún día el hombre será conocido como una multiplicidad de forasteros, independientes, incongruentes y polifacéticos." 


Como vemos, el tema ha dado mucha tela cortada y sigue dándonos largas en un momento como el actual en el que la brecha entre el bien y el mal cada vez se hace más angosta. Matar, por ejemplo, puede estar justificado en nombre del bien, como lo hizo la iglesia católica durante tantos siglos. Violar a un menor, pese a lo evidente de su brutalidad, encuentra también su justificativo y hasta enarbolan una bandera que los defiende. La política, la sociedad, los medios de comunicación, el racismo, la discriminación rampante, la Historia de los hombres sobre la Tierra nos siguen demostrando que la batalla sigue más viva que nunca. Y es que, aunque suene trillado, todos somos Jeykll y todos Hyde. En cada uno de nosotros la batalla es incesante porque el mal, que no sabemos de donde proviene, también hace parte y negarlo es invitarlo a que lance sus flechas. Quizás lo que nos viene a decir Stevenson es que debemos reconocer esa segunda naturaleza, identificarla, conocerla y así podremos tener más herramientas para gobernarnos a nosotros mismos. Quizás debamos abandonar la idea de unicidad y dejar ser a la multiplicidad de forasteros que nos habitan bajo la misma máscara que vemos cada día en el espejo.

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