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Novena sesión: Arreola y Monterroso

Juan José Arreola y Augusto Monterroso son dos autores imprescindibles del cuento latinoamericano. Su obra es tan llamativa que decidimos tomar tres cuentos de cada autor, aprovechando que ambos se destacan en el cuento breve.

Empezamos con El guardagujas, de Arreola, y decidimos acompañar la discusión con la lectura en voz alta del cuento Ante la Ley de Kafka. En ambos casos, un hombre se enfrenta a un poder que no dimensiona, que se presenta a sí mismo como una fría institución burocrática y no es otra cosa que un laberinto borgiano. Ambos cuentos terminan con la incertidumbre de si el protagonista podría vencer al sistema al que se enfrenta, o si esta inexorablemente sujeto a sus designios. Además de esta dicotomía entre el sujeto y el poder, el cuento plantea todo un universo simbólico de la vida como un viaje en tren: esperamos que sea lo más planeada y concreta posible, pero puede resultar en los sucesos más inesperados. El guardagujas resulta siendo un cuento sobre la capacidad del hombre de elegir su propio destino.

Cuando empezamos a abordar La Migala, ese enigmático cuento del hombre que lleva a una araña peligrosa a vivir libremente a su casa, nos dimos cuenta de que cada uno había aventurado distintas interpretaciones sobre el significado de la araña. Es posible que Arreola lo haya concebido como un cuento lo suficientemente abierto, en el que además de diversas lecturas, caben las proyecciones mismas de cada lector, lo que para cada lector pueda significar la incertidumbre y la espera que caracterizan este relato.



Pasamos a Monterroso y su cuento Leopoldo (sus trabajos), el cual ocupó gran parte de nuestra discusión. Nuestro camino predilecto para entrar al cuento fue el de la empatía. Todos y todas nos sentimos identificados con el personaje de Leopoldo en alguna medida, ya sea porque llegamos a ejercer nuestros oficios o profesiones de una manera igual de azarosa, o porque nos sentimos en una interminable antesala del futuro que queremos. Con un maravilloso sentido del humor, que nos hace cómplices del relato, Monterroso expone algunos de los grandes demonios de todo escritor. El arte de la dilación, las numerosas revisiones de un mismo texto, las ideas que llueven y se acumulan en notas sin tomar forma de escrito, y quizás la peor, el terrible sino de ser considerarse escritor sin poder dar cuenta de aquel título sin sus trabajos. Es probable que Monterroso haya plasmado en este cuento la evolución de su propia escritura, pues después de mucha preparación, la búsqueda de Leopoldo se dirige hacia la brevedad de las formas.

Al día siguiente compró una retórica y una gramática Bello–Cuervo. Ambas lo confundieron más. Ambas enseñaban cómo se escribía bien; pero ninguna cómo no se escribía mal.

El Eclipse hace gala de esta magistral brevedad que caracteriza a Monterroso. Este cuento narra la burla de un fraile europeo en poder de los aztecas, que tomando a sus captores por ignorantes planea engañarlos y termina siendo víctima de su propia ignorancia. Este texto es una subversión del viejo cuentico según el cual los españoles dominaron a los aborígenes americanos con espejos e ilusiones. Las culturas precolombinas, si bien estaban en un estado de desarrollo diferente al Europeo, contaban con vastos conocimientos en astronomía y matemáticas. El "arduo conocimiento de Aristóteles" de Fray Bartolomé Arrazola no le dio para salvar su vida.

Por su parte, el icónico cuento El Dinosaurio, ya conocido por la mayoría, nos permitió redondear la idea de que a mayor brevedad, mayor destreza se requiere del escritor.

Los diferentes cuentos de estos dos autores generaron en cada lector una reflexión interna y una mirada a estos tiempos en los que el tren de los acontecimientos parece haberse detenido en una estación  inesperada. Aprender a convivir con la incertidumbre requiere que nos llenemos de toda la inspiración, voluntad y sentido del humor que nos sean posibles.

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