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Duodécima quinta estrategia

Por: Camilo Sastre

Se traza una línea recta entre dos puntos, sabiendo que toda línea es solamente una sucesión de puntos y con perfecta consciencia de que toda vida es solamente una sucesión de puntos en tiempos y espacios finitos e infinitos. Ahora bien, sobre la línea recta anteriormente trazada se dibuja suavemente un paisaje en otoño -porque es bien conocido por todos que el otoño trae consigo un cierto aire que dispone fenomenalmente a la poesía, y en ocasiones, hay que decirlo, a vivir-, siempre y cuando aquello no intervenga en modo alguno la sucesión de puntos en espacio y tiempo ya trazada.

Completado lo anterior, sobre el punto inicial de nuestra línea se traza un arco separado de dicho punto por un radio aproximado al segmento de línea empleado para aprender a conjugar perfectamente el verbo ser. Sin embargo, en caso de no satisfacer a plenitud este requerimiento, el interesado puede hacer uso del verbo caminar, teniendo especial cuidado en que la utilización de dicho verbo no se utilice nunca so pretexto de desviar la dirección que hasta el momento habían adoptado los puntos en espacio y tiempo.

Trazado el arco, se procederá a dibujar una tangente que roce dicho arco, formando así con la sucesión de puntos en espacio y tiempo un ángulo de no más de 55º, evitando con ello una sobreestimación del ángulo de 45°, una subestimación del de 90° y de paso logrando una calculada omisión del de 60°.

Sobre la tangente se traza ahora una línea perpendicular que permita la intersección entre nuestra sucesión de puntos en espacio y tiempo inicial, y una nueva sucesión; haciendo marcado énfasis en que los puntos sobre los cuales se llevará a cabo la intersección en ambas sucesiones deben coincidir perfectamente en espacio y tiempo.

Una vez logrado lo anterior, se puede proceder a identificar inequívocamente la conjugación del verbo amar al interior de ambas líneas rectas…



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