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Tercera sesión: Chéjov y Flannery O'Connor


En esta sesión contrastamos el cuento El beso, de Anton Chejov, con Un hombre bueno es difícil de encontrar, de la autora estadounidense Flannery O'Connor.

No pudimos evitar, en el caso de Chejov, hacer asociaciones con sus obras dramáticas como El jardín de los cerezos y La gaviota. Sumergidos en estas comparaciones, identificamos un elemento que creemos transversal a la obra del autor ruso: los personajes pueden tener propósitos o deseos, pero están sumidos en la inmovilidad y no los cumplen por razones aparentemente incomprensibles. Y es justamente eso lo que lo hace un autor tan revolucionario para su época: expone los motores invisibles, pero implacables, de la conducta humana. Por un lado, explora la psicología del personaje de Riabóvich, un personaje en su exterior tosco, retraído, pero con una vida interna inmensamente sensible y romántica. Y por otro lado nos muestra las barreras sociales y de clase, que hacen que un deseo como el de Riabóvich, de encontrarse con una desconocida de la cual solo sabemos que hace parte de una familia adinerada, sea imposible. Es así como Chejov logra plasmar en su obra una síntesis de la literatura rusa del siglo XIX, recogiendo elementos del naturalismo y de la novela psicológica.

Disfrutamos mucho al personaje de Riabóvich porque es muy sencillo identificarse con él. Sentir toda la inocencia e ingenuidad del primer beso, las fabulaciones de lo que pudo haber sido y no fue, y toda esta suerte de idealización que termina siendo más nociva e hiriente que la realidad. De alguna manera u otra, todos hemos pasado por eso.

Y el mundo entero, la vida toda, le parecieron a Riabóvich una broma incomprensible y sin objeto. Apartando luego la vista del agua y tras haber elevado los ojos al cielo, recordó otra vez cómo el destino en la persona de aquella mujer desconocida lo había acariciado por azar, se acordó de sus ensueños y visiones estivales, y su vida le pareció extraordinariamente aburrida, mísera y gris.

Este final desesperanzador también nos pareció muy propio de los personajes de Chejov, que acaban dándose por vencidos y entregados a la banalidad de la vida.


Seguimos con el cuento de Flannery O'Connor, entusiasmados por discutir a la primera autora de este ciclo.  O'Connor creció en en sur de Estados Unidos y gran parte de su obra plasma las costumbres y características de la vida sureña. Un hombre bueno es difícil de encontrar es un retrato de una familia norteamericana "cliché", cuyos rasgos son llevados hasta lo grotesco.
A pesar de que el cuento nos muestra a una familia nuclear (padres, hijos y abuela), los roles familiares están totalmente desdibujados, dejando en evidencia una relación familiar rota, deshecha.
La familia recorre su camino vacacional hacia Florida, mientras la abuela mira por la ventana del auto y recuerda los tiempos de las grandes plantaciones de algodón. Sus recuerdos están llenos de nostalgia del pasado, de una vida idílica que tenían en esas provincias antes de que las "cosas" cambiaran. Su memoria le juega una mala pasada y queriendo guiar a la familia hacia una casa antigua, termina provocando que tengan un accidente en una carretera escondida. Allí los encuentra el Desequilibrado, un criminal que se fugó de la cárcel, el cual le expone a la abuela su sentido de la justicia mientras hace que sus hombres asesinen al resto de la familia.
Este crimen terrible con el que concluye el cuento de O'Connor tuvo la particularidad de estar precedido por una presentación de los personajes que nos aleja de sentir empatía por ellos. Los miembros de la familia se muestran hoscos, groseros y patanes, particularmente los niños, cuyo trato despectivo con la abuela, muestra la decadencia de los valores familiares. Por el contrario, el personaje del Desequilibrado, en lugar de ser descrito como un villano, toma la voz y expone los motivos por los que hace lo que hace y en algún momento se muestra incluso tierno y compasivo con la abuela. Con esta inversión de roles, la autora juega a desdibujar los límites entre el bien y el mal.

En este cuento, al igual que en El beso, las barreras sociales son parte importante de la construcción de los personajes. Una de nuestras grandes conclusiones fue que ambos, O'Connor y Chejov, son autores con un agudo sentido del contexto social.

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