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Segunda sesión: Borges y Poe

Continuamos, en esta oportunidad, discutiendo sobre la obra de Edgar Allan Poe y Jorge Luis Borges, esta vez con dos cuentos de cada autor. Por un lado, reivindicando el género policiaco, que justamente instaura Poe, leímos El misterio de Marie Roget y el excepcional cuento de Borges La muerte y la brújula.

Respecto a El misterio de Marie Roget hubo un comentario generalizado sobre la extensión del relato, al que, según algunos participantes, podrían sobrarle algunas páginas de detallada descripción de las pruebas con las que el detective Dupin realiza la investigación. Sin embargo, se consideró a su vez que la época en la que estaba escrito el relato, influida por el positivismo científico y una reciente incursión de la prensa sobre la opinión pública, obligaba a la extenuación del detalle y beneficiaba la intriga de la resolución, como opinaron otros. Esto dio pie para una exposición sobre la naturaleza de este género narrativo surgido a mediados del siglo XIX, en donde la intención del autor es proponer un juego de adivinanzas, un reto intelectual de carácter deductivo, a manera de ajedrez, a sus lectores. En esta dinámica de quién logra descubrir el caso se mueve toda la literatura detectivesca y moldea las características de tantos detectives famosos (Dupin, Holmes, Marlowe, el Padre Brown, Poirot, Bustos Domecq...) en las maneras de resolver los crímenes retratando las distintas culturas desde donde son escritos y valorando la astucia, la perspicacia y la inteligencia de los protagonistas. También se planteó, volviendo a la obra de Poe, la particular fijación por los personajes obsesivos en altos niveles, personajes que siempre parecen estar rozando los límites de la razón o inmersos en la locura. Un tema que interesó no sólo la literatura de Poe, sino su vida.

Borges, por su parte, heredero y amante de esta tradición, lleva el género policiaco al límite de sus posibilidades en un juego de doble espejo enfrentado. En el caso de La muerte y la brújula, es el asesino quien juega con el ingenio del detective para matarlo, proponiéndole una serie de pistas falsas que lo hacen creer que está resolviendo el caso cuando en realidad él mismo es el objetivo del crimen. La simetría y la perfección del relato son sorprendentes, así como la resolución, que ni el personaje, ni el lector sospechan. Con esto, Borges parece estarle jugando una broma al género detectivesco, a los lectores, a su ingenio, a la literatura misma, hecho que demuestra el final del relato, cuando Lönnrot, el detective, le propone a Scharlach, el asesino, que la próxima vez que lo mate use una estrategia más fácil, en línea recta, con otra operación matemática, y no en losanges, más larga en todo caso. Con Borges, concluímos, todo parece una broma y así debe leérselo, sin excesiva seriedad, sin tomárselo demasiado en serio, como piensan algunos.

Sigamos con Borges, pero esta vez con Pierre Menard, autor del Quijote, cuento nos llevó gran parte de la discusión. El debate central surgió a partir de la pregunta sobre la originalidad de la obra, tema central del relato. Recordemos que Pierre Menard, escritor y académico francés, decide escribir nuevamente el Quijote, pero escribirlo espontáneamente, no copiarlo, sino volverlo a escribir: “producir unas páginas que coincidieran—palabra por palabra y línea por línea—con las de Miguel de Cervantes”. Esto nos llevó a ciertas paradojas interesantes sobre la autenticidad de cualquier obra en el arte contemporáneo, donde no hay casi nada original y el arte se constituye de permanentes intervenciones y referencialidades, sobre todo en las artes plásticas, literarias y representativas, de donde venimos casi todos los participantes del club. Hablamos también sobre los procesos históricos de la creación y lo azarosa que puede ser la aparición de una obra como El Quijote, que bien pudo no haberse escrito, pero que una vez escrita ha dado pie para tantas y tantas interpretaciones subsiguientes, así como de importancia de la crítica en la glorificación de cualquier texto, o en nuestro caso, de la obra de Cervantes, que se nos presenta como el texto fundacional de la novela moderna y como máximo exponente de nuestra lengua castellana. Y nos preguntábamos, si tuviéramos que elegir una obra para enseñar de nuevo el idioma castellano, ¿cuál escogeríamos? Las respuestas, como el análisis del cuento de Borges, fueron bien diversas y amplias y fueron muchos más los temas que se tocaron que no es posible añadir en este espacio. Al final nos dimos cuenta de que Borges es eterno, infinito, múltiple, variable, un Aleph, y a pesar de todo esto, no deja de ser simple literatura.

Esta apertura de temas que incitó el cuento de Borges impidió un análisis más profundo sobre El corazón delator de Poe. Se rescató la habilidad narrativa de Poe para generar terror en los lectores y se insinúo si este corazón palpitante que lleva al protagonista a la confesión de su crimen podía estar relacionado con una mirada moral de la culpa. Como sucede con los grandes autores y los excelentes cuentos, fueron más las preguntas que quedaron en el aire que las conclusiones a las que se llegaron.

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