Octava sesión: 7. La sonrisa de Karenin

Hemos llegado al último capítulo de La insoportable levedad del ser. En este capítulo nos enfrentamos a uno de los hechos más conmovedores del libro: la muerte de la perrita Karenin.

Tomás y Teresa se han retirado al campo, lejos de las persecuciones y del ajetreo de la ciudad. Para Karenin, al igual que para nuestros personajes, es posible que hayan sido los años más tranquilos y felices de su vida. La vida del campo es totalmente monótona y rutinaria y Karenin, que como todos los animales vive de la rutina, es feliz acompañando a Teresa en sus labores de pastoreo. Para ella, su relación con Karenin trasciende con creces la función utilitaria que cumplen los animales en el campo.

"La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna."

Este capítulo provocó en el club un largo debate alrededor del trato o el "uso" que tienen los animales en el campo y en la ciudad. Mientras que durante todo el libro se trenzaron relaciones en tensión entre lo débil y lo fuerte, o relaciones de malentendidos por las palabras que las median, la relación de Teresa con Karenin es simple y pura. Teresa ama a Karenin como es, no tiene que exigirle que sea diferente ni tiene que preocuparse porque la deje de amar o la abandone.  El amor de Karenin es, no mayor, pero sí mejor que el que la une con Tomás.

Los animales nunca fueron expulsados del paraíso. Como ya dijimos, su felicidad está en la rutina, en la repetición y quizá nuestra mayor diferencia con ellos es que no sabemos repetir o más bien que lo evitamos constantemente. Los motivos que se repiten en nuestra vida son producto de coincidencias o de motores inconscientes que guían nuestras acciones. Pero nuestra vida no se repite, lo cuál nos hace leves, insoportablemente leves.

El último sueño de Teresa que nos narra Kundera es tan analítico como premonitorio. En él, han recibido una citación y tienen que hacer un viaje en avión. Al llegar, unos hombres van a fusilar a Tomás y este se transforma en un conejito. Teresa toma el conejito y lo lleva a un hogar donde la esperan dos viejitos. Lleva al conejito hasta el cuarto -donde hay una mariposa- y se acuesta con él. Teresa analiza que ha llegado a donde quería, cuando en el capítulo 2 deseaba que Tomás fuera viejo y que fuera débil como ella. Pero esto la hace preguntarse a costa de qué ha debilitado a Tomás. Hizo que abandonara su carrera y su vida en Praga para hacerlo caer al nivel de ella y se siente culpable por esto.


Este capítulo está lleno de signos que van anunciando un cierre. En la composición musical que sería esta novela, es como si se fueran cerrando los motivos musicales de las vidas de Tomás y Teresa. Retirarse al campo quizás es la señal más clara, es un cierre de su vida como la conocíamos. El sueño de Teresa, que condensa varias de sus aspiraciones y sus sueños previos es otro de estos cierres. Ir a bailar fue uno de los momentos de la relación que vimos al principio y que ahora se repite, intensificado por la declaración de Tomás de que con esta vida por fin es feliz. Finalmente, la llegada a la habitación y la mariposa, aparece como un déjà vu del sueño, recordamos la imagen de Teresa con el conejito y recordamos también que a Teresa y a Tomás siempre les gustó dormir juntos.

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