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Cuarta sesión: J.D. Salinger y John Cheever



Sociedad y cuento Norteamericano

Sin duda la narrativa norteamericana del siglo XX, una de las más ricas y variopintas de toda la historia de la literatura, describe como ninguna los pormenores de una sociedad que a pesar de la voluptuosidad de su riqueza esconde detrás amargas verdades individuales. La cuentística de John Cheever y J.D. Salinger, dos grandes entre los grandes del género, lo confirma. Si bien los cuentos están enmarcados en un ambiente de prosperidad económica y desarrollo social, con Estados Unidos como vencedores de la guerra, algo parece no engranar muy bien en los individuos protagonistas de estos cuentos, un desarraigo, un cierto malestar, una incomodidad que les impide vivir el paradójico sueño americano.

Comencemos con Para Esmé, con amor y sordidez de J.D. Salinger, cuento perfecto por donde se le mire en términos narrativos. La técnica narrativa está dada a la manera de un Long Play. Es decir, un lado A, una escena aparentemente cotidiana, una conversación en un café entre un soldado de una brigada norteamericana y una niña muy particular que tras conocerse le pide al soldado que mantengan una correspondencia y que, si puede, si después de la guerra todavía tiene las facultades intactas, le escriba un cuento sórdido para ella. Y un lado B, el cuento sórdido que escribe el sargento, después de la guerra, para la niña en el que el narrador, es evidente, ya no tiene las facultades intactas. Lo maravilloso del final sucede cuando uno descubre que el mismo narrador del lado A (contado en primera persona), es el protagonista del lado B (narrado en tercera). El cuento, o mejor, los dos cuentos que hay en el relato, se dejan leer tanto en lo tierno como en lo sórdido. En el lector queda una vinculación casi afectiva con los personajes y por debajo pasa el material temático que parece rodear al cuento: la locura de la guerra. El tema se toca en un par de ocasiones durante la narración, pero parece ser la preocupación de Salinger, quizás por su experiencia personal. “Todos los norteamericanos estamos locos de una u otra manera” o “La guerra nos enloquece”, me aventuro a pensar que nos quiere decir el autor por debajo de la fábula.

De John Cheever comentamos dos cuentos, La geometría del amor y El nadador. Sobre el primero hubo mucha tela para cortar. El cuento, para unos, narra la imposibilidad de entender el amor de una manera racional; para otros, en cambio, la posibilidad. Nuevamente estamos ubicados en una sociedad norteamericana positivista y cientificista. El protagonista, agobiado por la imposibilidad de llevar un matrimonio feliz, inventa un método para tratar de poner su vida en equilibrio partiendo de la teoría geométrica de Euclides desde el que comienza a analizar todos los aspectos de su vida. Bien, las preguntas que surgían a partir de la trama eran, ¿se puede entender todo a partir de las ciencias exactas, como el amor, la soledad, el abandono? En caso de que sí, como nos lo demuestra el cuento, ¿resuelve algo pensarlo todo de esta manera? En el auditorio, dos posiciones. La que opina que sí, que la ciencia podría llegar a dar claridad sobre todas las cosas, y la que cree que siempre hay algo que se le escapa. El cuento no resuelve muchas cosas respecto a las preguntas que nos hacíamos y más bien el final es confuso, con la muerte del protagonista y con su esposa apurando el desenlace. Desde el punto de vista narrativo y temático, el cuento es geométrico, un triángulo cuyos vértices son el amor, la ciencia y un hombre cualquiera.

Pasemos a El nadador. En ninguno de los anteriores cuentos la crítica a la sociedad es tan abierta, simbólica y metafórica como en este; siguiendo la tesis de Piglia de que toda historia cuenta dos historias. La capa de la superficie del relato cuenta la historia de Neddy Merrill, que una tarde de domingo decide regresar a casa recorriendo a nado todas las piscinas de su condado. En un principio, el recorrido refleja el ambiente de prosperidad y de abundancia en la vive la sociedad, lo tratan bien a donde quiera que llega, como quien hace parte de aquel círculo, pero a medida que Ned se va a acercando a casa, tanto las piscinas como el ambiente se van volviendo turbios y enrarecidos. Al final, como despertando de un sueño, Ned descubre que su casa está vacía y que no puede entrar en ella.
Este cuento podría leerse como el declive moral de toda la sociedad norteamericana representada por Ned, del que a su vez inferimos que ha caído en desgracia de un glorioso y próspero pasado. Podría pensarse también que el cuento refleja la falsedad de las relaciones humanas, la hipocresía y el materialismo en sociedades capitalistas como esta. O el inefable paso del tiempo de un hombre que se va volviendo viejo con todo lo que lo rodea. El cuento permite todas las interpretaciones posibles porque está lleno de metáforas, de símbolos: la naturaleza que envejece, las piscinas que se secan, los químicos que van apareciendo, la casa cerrada, la soledad del nadador, su posible locura. Esto hace que el lector, al terminar de leer, crea que algo se le escapa, fuera de la anécdota.

No pierda la menor oportunidad de leer estos dos cuentistas. Valen oro.

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