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Cuarta sesión: 3. Palabras incomprendidas


Si bien la tercera parte de la insoportable levedad del ser gira alrededor de la amplitud del significado de algunas palabras y conceptos según la persona que los acuñe, desde el principio los lectores identificaron una nueva dicotomía expresada desde dos personajes distintos a Tomás y Teresa: en este caso, se trata de Franz y Sabina, opuestos desde su contexto, oficios y posturas políticas manifestadas. No obstante, la palabra y el símbolo también adquieren una interpretación personal y específica a medida que el tiempo pasa: ejemplo de esto, el sombrero hongo de Sabina. En este caso particular, además del uso y el paso del tiempo, el objeto adquiere un significado cambiante debido a los códigos o lenguajes propios que se construyen con una pareja y no con otra. A pesar de esta capacidad de las parejas de construir un lenguaje común, las definiciones recopiladas en el pequeño diccionario de palabras (y expresiones) incomprendidas que abarca la mayor parte del segmento, giran alrededor de las definiciones opuestas de Franz y Sabina.

Kundera pone como punto de partida de estas definiciones, el contexto en el que cada uno de los dos crece y se desarrolla. En el caso de Franz, un científico casado y crecido en una patria capitalista y dedicado a la investigación y a la cátedra, los significados de determinadas palabras están cargados de una vitalidad que su mundo no posee y por lo tanto admira. La idea de una revolución socialista y de las manifestaciones como la autodeterminación de los pueblos está romantizada y raya incluso con lo ingenuo. Este es uno de los motivos que lo ata a Sabina. Para Franz, el lugar de proveniencia de Sabina, la patria con la que ella no se siente identificada, la vuelve un ser lleno de coraje y atractivo que viene de un lugar donde todo está por descubrir, a diferencia de todo el conocimiento ya esquematizado que reposa en los anaqueles de su universidad. Además, Sabina es mujer. Para Franz, obsesionado con su madre abandonada y con su esposa de carácter arrollador, esto es una virtud y no una característica con la que se nace. Citando a Kundera, "Franz prefiere el terreno de lo irreal a lo real" y todo esto determina su forma de definir desde lo opuesto el lenguaje que comparte con Sabina.

Por otro lado, Sabina surge de un ambiente carente de una madre y con la sombra de tres padres que lo abarcan todo: su padre biológico, la iglesia y el estado comunista. Sabina no tiene la visión romántica de las cosas que posee Franz. Manifestarse políticamente siempre ha sido para ella un asunto protocolario, su condición de mujer es una circunstancia más y no siente ningún afecto o sentido de pertenencia ni siquiera por sus compatriotas en el exilio. Lo absoluto la repele. Para ella, la luz es el medio que le permite ver con mayor o menor claridad. Un concepto que se puede relativizar. Sin embargo, es inconcebible como fuente cegadora o como total oscuridad. Ambos absolutos implican la imposibilidad de ver. Este desapego se debe a un rasgo determinante de Sabina que es su tendencia a lo leve. Cada paso a lo desconocido la libera más de ataduras, lo cual implica traicionar. Franz no concibe la traición. El considera a la fidelidad como el máximo valor. Tanto que verá en el amor y la fidelidad una entrega total que Sabina no aceptará. Seguirá traicionando y traicionándose hasta que la levedad se le vuelva insoportable, mientras Franz, a pesar del abandono de Sabina, le será fiel a ella casi religiosamente, de la misma forma que seguirá el camino de la Gran Marcha como oposición a la levedad y el camino a lo desconocido que es la traición.

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