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Tercera sesión: 2. El alma y el cuerpo (continuación)

Los sueños de Teresa empezaron a dividirse en tres grandes grupos: el padecimiento, la muerte y el "después de la muerte". Los tres tenían en común que exponían su cuerpo como un simple mecanismo perecedero. Sin embargo, Kundera describe los sueños como una actividad estética y en el caso de los sueños de Teresa, aunque para ella sean una tortura,  tienen a Tomás fascinado por su belleza.

Todos los sueños cargan un significado muy claro: Teresa siente que las infidelidades de Tomás la ubican en el terreno de la madre, ese terreno del cuál siempre quiso escapar en el que un cuerpo es igual a otro y los cuerpos se muestran sin pudor en sus dimensiones más grotescas. ¿Será que el único camino para ella es volver al lado de la madre y sucumbir para siempre en esta lógica?  Ese es un abismo que la seduce como una especie de vértigo, como un oscuro deseo de volver.

Teresa quiere entender a Tomás para que ya no le pese tanto lo que él hace, así que intentando entrar al mundo oculto de las infidelidades de Tomás, se acerca a Sabina.  El encuentro entre ellas dos es tan paradójico como atractivo. Primero Teresa mira los cuadros de Sabina y comprende el motivo transversal en los cuadros de la artista: paisajes realistas en los que una hendidura deja ver formas abstractas e incomprensibles.
"Delante había una mentira comprensible y detrás una verdad incomprensible."
Teresa comienza a fotografiar a Sabina e intenta refugiarse en su aparato para intentar abstraer una mirada objetiva de la situación. "La cámara le servía a Teresa simultáneamente como ojo mecánico con el cual observaba a a la amante de Tomás y como velo con el cual se cubría la cara ante ella". Sabina le pide a Teresa fotografiarla ahora a ella y con eso le arrebata su velo de defensa. Es entonces cuando surge la orden: Desnúdate. Una orden que ambas mujeres habían escuchado en boca de Tomás, ambas lo saben, pero ahora es Sabina quien se la dice a Teresa.

Cuando los soviéticos invaden Praga, reaparece la cámara de Teresa, pero esta es ahora un arma. Los rusos no se esperaban ese tipo de ataques y no saben reaccionar a ellos. Teresa saca fotografías de jóvenes checas que se besan frente a los soldados rusos en un gesto de provocación ofensiva. Al mudarse a Suiza, Teresa le lleva esas fotos a una revista esperando conseguir trabajo, y la respuesta que obtiene es que los contenidos que allá buscan son mucho más frívolos. El arma que no pudieron neutralizar los rusos, es anulada en Europa occidental y Teresa resulta aislada de su oficio de fotógrafa: es demasiado "anacrónica".

Aislada en Suiza y sabiendo que Tomás sigue siendo infiel, Teresa logra dimensionar su propia debilidad. Ella es débil y Tomás es fuerte, lo único que puede hacer es alejarse de su lado, ahogarse en una borrachera de la debilidad, volver a Praga o quizá, incluso, volver al lado de su madre, donde no pueda caer más bajo. De nuevo un vértigo.

Tomás va tras ella y siente una especie de alivio. Si, ya reconoció que él es fuerte y ella débil, pero pese a eso, fue él quien eligió volver a su lado. De nuevo siente cómo las casualidades se agolpan en el momento de la reconciliación y siente que todo marcha como debe ser...

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