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Elegía a la derrota

ELEGÍA A LA DERROTA
Sobre El viejo y el mar - Ernest Hemingway

"—Pero el hombre no está hecho para la derrota—dijo—. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado." 


Pensar en El viejo y el mar así como en la vida de Hemingway es, sin duda, aproximarse la derrota, al fracaso de una lucha. El mismo escritor cansado de no poder escribir nada mejor, lo que constituía su vida, hundido en el alcohol y desesperado termina por pegarse un escopetazo en la cabeza y acabar así con sus días. Santiago, por otra parte, protagonista de la novela, regresa a puerto con las manos vacías después de tres días en alta mar en permanente lucha con el pez espada al que logra vencer, pero derrotado por los tiburones que terminan devorando su conquista. 

Sin embargo, detrás de la derrota se esconde algo puramente humano. Centrémonos en la novela. Un viejo pescador que lleva ochenta y cuatro días sin pescar decide una mañana emprender un viaje hacia las inmensidades del océano con el objetivo de vence…
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Kawabata y el umbral de la vejez

Sobre "La casa de las bellas durmientes" de Yasunari Kawabata
Un hombre de 67 años se acuesta a dormir en medio de dos bellas jóvenes, una rubia y una morena, ambas dormidas bajo el efecto profundo de una droga. Mientras se abandona al sueño, el viejo toma en cada mano un pecho de cada joven. De un lado tiene la luz y del otro la oscuridad, la vida y la muerte. Esta mitad, o mejor, este umbral, es la condición de Eguchi, el protagonista de “La casa de las bellas durmientes” de Yasunari Kawabata. En esta casa, los viejos tienen la posibilidad de dormir con una muchacha joven que estará dormida todo el tiempo. Dentro de las reglas de la casa está establecido que los visitantes pueden contemplar a las muchachas e incluso tocarlas cuanto quieran, pero no deben cometer actos “indecentes”. Esta condición entrelaza el erotismo con cierto goce estético y contemplativo que parece muy propio de la tradición japonesa.

Eguchi, que aún no ha cumplido los 70, dice no haber perdido su viri…

Invisible como la seda

Por: Juan Francisco Florido

El estilo de Alessandro Barico es como la seda que describe: leve, hermosa y casi imperceptible. Seda es también el título de la novela corta sobre la vida de Hervé Jancourt: un hombre que, yendo en contra de su destino y a favor del azar, abandona el peso de las armas para tomar el oficio de comerciante viajero de gusanos de seda. Cada uno de sus brevísimos capítulos está compuesto a su vez de frases aún más cortas y lacónicas, que no carecen de ambigüedad. Aun así, la totalidad de su obra adquiere un matiz distinto a la concreción de los fragmentos. Si bien es contundente al narrar los hechos, la novela abarca espacial y temporalmente periodos y territorios extensos. Se trata de un texto compuesto en su mayoría por imágenes sueltas, viajes de miles de kilómetros que duran meses enteros pero condensados en muy pocas palabras y fragmentos de vida incompletos de personajes misteriosos.

Seda está compuesto de pinceladas concretas como un cuadro impresionista. …

Multiplicidad de forasteros

MULTIPLICIDAD DE FORASTEROS Sobre El extraño caso del Dr. Jeykll y Mr. Hyde
Por: Nicolás Ibáñez


El propio hijo de Robert Louis Stevenson confesaba que su padre había escrito el primer manuscrito de El extraño caso del Dr. Jeykll y Mr. Hyde en sólamente tres días después de un extraño sueño-revelación que tuviera una madrugada. Ese primer texto, hasta donde hemos podido saber, era de corte más explícito, más incisivo en la acción, más descarnado en la descripción; sin embargo, el tema fundamental ya reposaba latente bajo su trama: el conflicto interior humano entre el bien y el mal. El tema no es en sí novedoso, ni particular del siglo XIX. La filosofía griega lo trata en numerosas ocasiones, los libros sagrados del monoteísmo también se basan en él para la mayoría de sus fábulas, Roma lo retoma y lo hace un asunto público de interés común, los románticos alemanes e ingleses también lo ahondan. ¿Qué es entonces lo novedoso en la novela de Stevenson que hace indispensable su lectura pasa…

Mente

Por: Leonardo Bautista

Susurra veneno en mi oído.
Incendia, inunda, arrasa, devora
a la misma tierra que la vio nacer
y sostiene sus raíces.

Inexpugnable fortaleza erguida
con miedo frío y duro.
Soberana implacable,
indolente, reaccionaria.

Cañón infatigable
disparando balas de remordimiento
balas de culpa
forjadas con memorias
de mi propia cantera.

Hábitos martillados de duro diamante.
Dictadora total.
Cabeza sin oídos.
Asoladora de cada divergencia.

Déjame ser y seamos juntos
recién nacidos
niños que saltan
antes de pensar.

Nuestros padres no volverán.
Estamos solos en el nido.
Abramos las alas de sangre
para que el sol
las endurezca o las derrita.

Volemos a través del miedo.
Bebamos lágrimas saladas.
Viajemos a tierras
que no se han inventado.

Destrocémonos el pico contra la roca
arranquémonos las plumas de sangre.
Hagamos parir a la temeridad
una piel húmeda y frágil
para descender al infierno
y arder hasta las estrellas.

Burlémonos del …

Hay una luz

Por: Ana María Hernández

Las cosas no iban bien en la familia desde que el abuelo entró en coma, y mucho menos desde que desapareció. Hacía varios meses Roby observaba a diario la comida del desayuno, el almuerzo y la cena de su padre enfriarse a la espera de ser consumida por aquel que poca cabeza tenía para satisfacer sus necesidades básicas. Los primeros días escuchaba a su mamá gritando una, dos, tres veces:

-¡William! ,¡Venga a comer!

Pero no obtenía respuesta, luego la veía histérica, agarrando a golpes la puerta del sótano sin parar de llamarlo, esfuerzo que con él tiempo se dio cuenta era inútil. Ahora ella solo se limitaba a servirle mecánicamente, sin gastar en vano un mínimo aliento de su voz. Al final del día encontraban la mesa colmada de platos aún con comida. Tan solo a altas horas, cuando hijo y madre estaban en sus respectivas habitaciones, Roby escuchaba el chillido agudo de la puerta del sótano, luego no era difícil percibir en la silenciosa noche el raspar afanado del…

Segunda semana: Aura de Carlos Fuentes

Para esta segunda semana del Ciclo de Novela Breve, visitamos (¿o nos visitó?) la presencia de Aura, del escritor mexicano Carlos Fuentes. Esta novela fue publicada en 1962 y sigue llamando la atención de críticos y lectores por varios motivos. A pesar de ser bastante corta, con una extensión de alrededor de 40 páginas, Aura condensa un sinnúmero de elementos estilísticos y simbólicos que obligan a mirar cada línea con detenimiento.

En primer lugar, es un relato escrito por completo en la primera persona del singular. Es decir, que toda la novela está escrita como una voz que se dirige al personaje, el historiador Felipe Montero, y a la vez al lector. Este elemento estilístico, por sí mismo, le ha valido a la novela un enorme reconocimiento.
Cierras el zaguán detrás de ti e intentas penetrar la oscuridad de ese callejón techado -patio, porque puedes oler el musgo, la humedad de las plantas, las raíces podridas, el perfume adormecedor y espeso-. Buscas en vano una luz que te guíe. Aura