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Duodécima quinta estrategia

Por: Camilo Sastre
Se traza una línea recta entre dos puntos, sabiendo que toda línea es solamente una sucesión de puntos y con perfecta consciencia de que toda vida es solamente una sucesión de puntos en tiempos y espacios finitos e infinitos. Ahora bien, sobre la línea recta anteriormente trazada se dibuja suavemente un paisaje en otoño -porque es bien conocido por todos que el otoño trae consigo un cierto aire que dispone fenomenalmente a la poesía, y en ocasiones, hay que decirlo, a vivir-, siempre y cuando aquello no intervenga en modo alguno la sucesión de puntos en espacio y tiempo ya trazada.

Completado lo anterior, sobre el punto inicial de nuestra línea se traza un arco separado de dicho punto por un radio aproximado al segmento de línea empleado para aprender a conjugar perfectamente el verbo ser. Sin embargo, en caso de no satisfacer a plenitud este requerimiento, el interesado puede hacer uso del verbo caminar, teniendo especial cuidado en que la utilización de dicho verb…
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Hombre no particular

Hombre no particular Sobre Bartleby, el escribiente
Por: Nicolás Ibáñez “I would prefer not to”



Hablamos de Bartleby, el escribiente, la novela de Herman Melville. En ella, el personaje protagonista, Bartleby, utiliza una de las fórmulas que más interpretaciones ha suscitado la historia de la literatura. Se trata de una máxima, de una frase de singular gramática que se ha convertido así mismo en baluarte de una numerosa casta de hombres que se dicen herederos de este personaje y que ha ocupado a filósofos, literatos y psicólogos. Tienen en común todos ellos una tendencia preferente e irrefrenable hacia la inmovilidad, una especie de pulsión negativa por la vida. 
La frase la dice el personaje por primera vez cuando, después de ser contratado, se le pide que abandone su trabajo de escribidor y ayude a verificar unos documentos. “Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó: —Preferiría no hacerlo.” Preferiría no hacerlo, dice a modo de sentencia sin posibilidad de réplica. A …

¡Se abre el ciclo de novela breve! BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

Pensar en Herman Melville es pensar inmediatamente en sus dos obras más reconocidas: Moby Dick y Bartleby, El Escribiente: dos obras prácticamente opuestas, la una de la otra. La extensa aventura de un capitán de navío que cruza un mundo hecho de agua tras una ballena blanca, opuesto al corto relato de un escribiente condenado a vivir en una oficina de ladrillo, cuyo nombre es sinónimo de total quietud y estabilidad. Dos historias tan diametralmente opuestas, que parece haber sido pensado adrede. Desde la premisa, el mundo que recibirá a Bartleby no es más que una máquina de relojería en la que cada una de las piezas encajaría, únicamente en ese sistema de perpetuo movimiento. Empleados, de los cuales no se conoce el nombre propio, pero se sabe cómo han logrado acoplarse a esta oficina, tan regular como un juguete de cuerda. Turkey, escribiente inglés gordo y desprolijo que justo después del medio día se vuelve un trabajador dedicado y diligente; Nippers, joven pálido y flaco apasio…

Un relato y una carta escritos al azar

Por: Juan Francisco Florido Arteaga

Juego de escritura diaria # 3:
LAS SEMANAS SANTAS
Hasta de pronto te acuerdas. Esa vez cuando iban en semana santa a la finca de tu abuelo. Por ahí a las afueras del pueblo. Que tu papá te decía que no se podía comer carne. Que no te bañaras en el río porque dizque te convertías en una trucha. Que los jueves y viernes santo eran para ayuno y el resto de la semana se rezaba. Acuérdate de lo mucho que odiabas el viudo de capaz, pero igual te lo comías porque no había nada más. Odiabas la noche de oración y de silencio pero amabas madrugar. Siempre te levantabas temprano para acompañar a tus abuelos y a tu hermano Luis a meterte entre los frutales. Para esa época ya estaban cargados de duraznos redondos y rosados. Lunes, martes y miércoles ibas desde temprano con Luis y tu abuelo a cosechar la fruta hasta que la abuela llamaba a almorzar viudo de capaz. Luego de eso, no se te permitía salir. Hasta de pronto te acuerdas cuando cumpliste los 5 años que te…